Quizá os parezca divertido, quizá os reiréis de mí, pero la verdad es que a mí no me hizo ni pizca de gracia. Para nada!
Ayer nos fuimos a dormir y, ya metidos en la cama, a oscuras, me disponía a descansar. Cerré los ojos, todos estaba en silencio.
Abro los ojos un momento y ante mi cara hay una mano abierta, a pocos centímetros de mi rostro. Cierro los ojos y doy un manotazo para apartar esa mano de mi cara. Al principio pienso que ha sido Guillem. Él, a oir mi gritito ahogado por el susto al ver esa mano, me pregunta qué pasa. Me dispongo a contestar cuando noto un manotazo en mi cabeza, a lo que respondo instintivamente con otro que sólo golpea el aire y la almohada, ya que no hay nada detrás de mí...
Siento un escalofrío, ni siquiera quiero sacar el brazo para encender la luz de la mesita, así que me giro y le pido a Guillem que me abrace fuerte. Y así, aunque costándome un poco más que a él, me duermo con el corazón desbocado y pensando que, visto desde fuera, que te den una colleja antes de ir a dormir es hasta gracioso...





